OPINIÓN

Viñarock, Festimad, FIB, Creamfields... llega el buen tiempo y sin duda, los amantes de la música van haciendo planes para ver a qué festival acudir este año. La oferta es amplia, nadie lo discute. Aunque quizás, de unos años para acá, la cosa esté cambiando en algunos puntos. No hay más que ver la que se ha montado con el cambio de ubicación de Viñarock este año: que si el festival es de Villarobledo, que si es de la empresa Matarile, que si el tema de infraestructuras... todo ahora en mano de la justicia, la ciega justicia de nuestro país. Mientras, algunos nos preguntamos por qué es necesario llegar a esos extremos, renunciando al entendimiento entre personas que, en teoría, solo quieren que el público disfrute (unos en su pueblo, otros donde más rentablemente convenga).
Y es triste observar cómo la historia, el mundillo, nuestra razón de ser para algunos -aunque solo fuese por disfrutar esa música a diario en nuestros cascos- se va al garete. Es triste que un festival tan serio y con tamaña andadura como la del Viñarock sea motivo de mofa y enfrentamientos en más de un foro de la red. Que se hagan "bandos" a favor o en contra de uno u otro (ya que en Villarobledo se organizó otro festival en las mismas fechas, y como el Viña de Benicassim, cuenta con defesores y detractores). En definitiva, lo verdaderamente triste es que se politice algo tan contrasistema como es la música alternativa en este, nuestro país.
Haciendo memoria vienen a mi mente imágenes de la última edición de FestiMAD, hace dos años, en ese fatídico descampado de la Cantueña. Recuerdo en lo que desembocó la ira contenida de un público que se sintió defraudado por una organización veterana en esto de montar festivales. Desde entonces, y sin querer hablar por todos, me atrevería a afirmar que FestiMAD ha muerto como festival para la mayoría de sus asiduos.
Y aunque el número de estos eventos en España vaya aumentando con respecto pasa el año, muchos vemos en Europa un modelo a seguir. Buenos festivales con carteles casi inmejorables y condiciones que, por la experiencia de algunos intrépidos, podrían decirse envidiables para lo que tenemos aquí.
No obstante, a la lista de los más punteros estatales se añaden algunos de gran talante como el Monsters of Rock, Monegros, Creamfield, DerrameRock y un sinfín de pequeñas y medianas citas que merecen la pena tener en cuenta, ya que con muchas ganas y quizás menos presupuesto, hay promotoras humildes que, gracias a su buen hacer, van abriéndose camino entre los más notables. Espero que a ellos no les llegue pronta su hora; parece que la fama no afecta solo a artistas... y es que "la pela es la pela", y la música un negocio, en ocasiones turbio.
